Los aztecas también sacrificaban a sus propios sirvientes

 

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Un análisis de los huesos del Templo Mayor de Tenochtitlán indican que, entre los prisioneros de guerra ofrecidos a los dioses, había ancianos, mujeres y niños.

 

Hasta hace poco tiempo, los historiadores creían que los aztecas sacrificaban a sus prisioneros de guerra inmediatamente después de cada batalla en el Templo Mayor de Tenochtitlán, en la actual Ciudad de México. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que esta civilización también ofrecía las vidas de otras personas a sus dioses, informa ‘The Daily Mail’.

Los científicos del Instituo de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han analizado los restos de quienes fueron sacrificados entre los años 1469 y 1521 —incluidos ancianos, mujeres y niños— y han concluido que no todos los cuerpos procedían de las tierras conquistadas, sino que algunos habían sido sirvientes de la élite azteca en el Valle de México durante más de seis años.

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